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AYUNTAMIENTO
DE BAGOLINO Provincia de Brescia - Territorio, productos,
tradiciones e historia - Aeropuerto Gabriele d’Annunzio
de Brescia-Montichiari, desde el 1 de julio hasta
el 31 de agosto de 2005. |
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| Bagolino
y Ponte Caffaro representan un territorio de 109 km2
de diversión, una zona de 4.000 habitantes hospitalarios
y cordiales, lago y montaña con un aumento de
cota desde Ponte Caffaro, a 400 metros sobre el nivel
del mar hasta las cimas de las montañas cerca
del monte Blumone, a 2.500 metros. Este es un magnífico
territorio donde se pueden practicar deportes de agua
y de montaña: piragüismo, vela kajak, surf,
natación, pesca, senderismo, bici de montaña,
free styling, escaladas, encuentros de jinetes, trial,
excursiones y todos los deportes tradicionales.
Hay muchos bosques, valles, fuentes, refugios y caseríos;
las aguas son limpias y el aire es puro.
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| Esta
zona es una localidad turística de montaña,
un paisaje pintoresco en la extremidad septentrional
del Vallesabbia, al confín con la provincia de
Trento (al este), con el Vallecamonica y el Valletrompia
(al oeste), unida a estos valles respectivamente a través
del paso de Crocedomini y del horcajo del Maniva. La
imponente cumbre del monte Blumone es un magnífico
monumento de la cadena de montañas “Adamello” y
domina el territorio de Bagolino, llamado tambièn
Valle del Caffaro, en el cual corre el río homónimo.
Este río nace del paso del Termine (mt. 2334)
y desciende hacia el valle del Gaver; alterna laderas
escarpadas con falsas llanuras y después de casi
16 km, llega al pueblo. Luego dobla bruscamente cerca
del Puente Prada, entra en la llanura de Oneda y afluye
al río Chiese, a pocos metros del lago de Idro.
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La iglesia parroquial de San Jorge sobresale por su
majestuosidad: es la tercera iglesia en el territorio
de Brescia por su tamaño y es tambièn el
escriño de muchas obras de arte de maestros insignes:
Tiziano, Tintoretto, Palma il Giovane, Torbido, Sandrini,
Lucchese....
Cerca de la iglesia parroquial, hay otra iglesia, la
de San Lorenzo que ahora, desafortunadamente, está caracterizada
por una reciente arquitectura (1926); sin embargo, este
fue el primer edificio religioso de Bagolino y una antigua
capilla de cementerio.
La iglesia de San Rocco es intacta y muy interesante
por el ciclo de frescos de Giovanni Pietro da Cemmo (realizados
entre 1483 y 1486), un ejemplo de pintura lombarda que
pasa del gótico internacional al renacimiento.
Llama la atención la pequeña iglesia de
los santos Gervasio y Protasio porque hace de centinela
a la población desde las cumbres de las montañas.
Este edificio data de la mitad del siglo XVI.
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El territorio de Bagolino se caracteriza por una gran
cantidad de frescos sobre las paredes de las casas y
de las alquerías (con un valor protector contra
las calamidades y las enfermedades) o sobre pequeños
santuarios construidos en las encrucijadas de calles
o senderos. Cuanto más era importante la encrucijada,
más lujosa era la estructura del santuario. Algunos
interesantes ejemplos dignos de atención son los
de la Cascina Cavra, el Curlo con un fresco de Da Cemmo
y las Pobres Almas.
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El queso llamado “Bagòss”, el “puinì”,
los embutidos del país, hongos, miel, achicoria
silvestre, “comede”, espárragos, ortigas
y “sgresole”, perca, “aole”,
lucio, truchas y todos los productos pesqueros del lago,
restaurantes, hoteles, posadas y refugios están
a disposición para buscar los sabores antiguos
que en Bagolino todavía representan una viva realidad.
Descubre las “penne alla Bagossa”, la polenta “Taragna” con
el queso Bagòss, pide las “Mareconde”,
proba la fritada del lago de Idro.
El “Bagòss” es el queso conocido y
elogiado del país, con un sabor especial y peculiar,
como Cocchetti destacó ya en 1858. Este tipo de
queso ha sido siempre muy apreciado y fue premiado en
la exposición que tuvo lugar en Milán,
en 1874. El premio fue retirado por G. Scalvini, alias “Zorzara”.
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El
sabor inconfundible del “bagòss” es
debido al forraje que crece en los pastos de montaña
de Bagolino y en particular en los montes Vaia, Bruffione,
Misa y Maniva. El experto vaquero que conduce las reses
a los pastos alpinos precisa que los pastos tendrían
que ser fertilizados sólo con el estiércol.
Mis guías añaden (destacando la importancia
de este detalle) que el forraje cosechado en los prados
del “solìf”, o sea en los prados expuestos
al sol, produce un tipo de leche que tendría que
ser cocida a llama viva porque el forraje es “fuerte”.
La hierba crecida en los prados del “Vac”,
o sea en los pastos expuestos al norte, produce un tipo
de leche que necesita una llama más baja y continua
para alcanzar la justa temperatura. |
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Aunque es geográficamente apartado, Bagolino
ha desarrollado una tradición secular, conocida
más allá de los confines regionales:
el Carnaval Bagosso. Los atractivos de este Carnaval
popular son los bailarines, los músicos y los “Maschér” (las
Máscaras). Las músicas y los bailes,
que son el eje de esta tradición, pueden ser
considerados, como Sordi apunta: “... un hecho único
en Italia, con pocos hechos similares en toda Europa
y, además, un ejemplo impresionante del nivel
de complejidad que una civilización musical
y popular puede alcanzar...”.
En confirmación de cuanto la práctica
carnavalesca se enraizó en el país, hay
algunos fragmentos de documentos comunales del siglo
XVI.
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En
uno de estos documentos, que data de 1518, se lee que
el ayuntamiento de Bagolino dictó disposiciones
para que la Compañia de Laveno, llegada al pueblo
para animar el Carnaval, fuese recompensada con un queso.
Es necesario tener en cuenta que en aquel tiempo los
pueblos solían intercambiarse invitaciones recíprocas
con ocasión de fiestas. Los documentos de una
visita pastoral, ocurrida en 1694, revelan que el obispo
Giorgio Sigismondo Sinnersberg reprendió unos
sacerdotes que “se atrevieron a callejear disfrazados
durante el período carnavalesco”.
Buccio, conterráneo del siglo XIX, recuerda que
en sus tiempos el Carnaval era celebrado con mucha alegría
y se elegían unos “directores” que
tenían el deber de cuidar de que no se produjeran
desórdenes. En esta fiesta, Buccio añade: “...
las invitaciones eran recíprocas... entre las
comunidades de Storo y Condino... también con
banquetes recíprocos, ellos cultivaban la sociedad,
el amor, la reciprocidad de sentimientos...”.
En 1929 Don L. Zenucchini, párroco de Bagolino,
escribió estas palabras a los Misioneros Salesianos
de Ivrea: “…El Carnaval de Bagolino es peculiar
y, aunque no es aprobado por la autoridad eclesiástica,
por razones evidentes, sin embargo, por la tradición
muy antigua… todavía continúa, en
general, no se hace mal… incluso los viejos de
setenta años se disfrazan…”.
Como los ancianos recuerdan, el Carnaval Bagosso sigue,
repitiéndose invariado durante los años,
tradiciones antiguas y enraizadas: los bailarines y las
máscaras locales en los días de fiesta.
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